miércoles, 11 de abril de 2012

El verdadero poder está en una misma, nada ni nadie, fuera de una misma, puede interferirlo. Algunas leyes pretenden interferirlo, pero el verdadero poder sigue estando en una misma.

Una ley plantea, que cuando la sujeto se empodera, en el sentido que sea, pueda ser o no castigada según la trayectoria del empoderamiento; pero el poder a última instancia sigue siendo poder o no poder. Cuando por ejemplo en un lugar X no se puede fumar, significa que hay una ley y una serie de mecanismos preparados para ponerse en marcha si fuera necesario castigar la transgresión. Finalmente, el punto de inflexión que determina lo que se puede o no se puede hacer (viene condicionado por: si llevas mechero…XD) sigue estando en el ahora y en la determinación de poder o no poder, querer o no querer.

El verdadero poder empodera en el sentido que sea, sin valoraciones morales, y es imparable, salvo por otro verdadero poder que está siendo afectado, con lo que habría una interacción no reglada de poderes. El verdadero poder está en cada ser viviente, y en este caso, es lícito (aunque quizá no moral) que los seres se empoderen y asuman responsablemente las consecuencias de sus actos.

El falso poder es aquel que se vale de leyes que protegen la omisión del poder auténtico y real, el falso poder ha creado una extensa red de resistencia a la Tierra libre. Me refiero en este caso, a la ostentación del espacio público y privado (del Mundo entero), como propiedad privada de unos pocos. Los cuales delegan su verdadero poder cotidiano en el falso poder de las leyes, pues estas amparan las propiedades ilícitas que están ostentando privilegiadamente; y sin razón ni sentido cabal campan a sus anchas entre innumerables abusos de un poder que no tienen.

Ostentan la propiedad de la Tierra, ostentan los medios de producción, ostentan el dinero y las bancas; y lo que es peor, ostentan el uso y abuso de la violencia y la fuerza. La propiedad de la moral, los medios de comunicación, los programas educativos y coeducativos; el sentido de la ciencia y la medicina, el valor de la Vida, el uso de los cuerpos y el valor intrínseco que estos tienen. Este valor figurativo de ordenamiento social depende del tipo identitario que representan estos cuerpos como receptáculos de significantes y significados. Y estos significantes y significados dependen, en mayor o menor medida, de la resistencia implícita y explícita que ejercen estos cuerpos a la mentalidad del falso poder que los cataloga.

Es de esta manera y no de otra que el ser humano es esclava, pensada y programada como una máquina para producir en una determinada dirección condicionada esta por un determinado status. El falso poder señala la función de cada individua, dependiendo de las categorizaciones simultáneas que representa y en las que se ve inmersa: clases sociales, clases raciales, clases nacionales y clases sexuales.

Y lo que es peor, la humanidad es esclava a interpretarse y construirse como máquinas para reproducir literalmente: (heterosexuales perfectos en constante represión, que sexualizan después, cualquier ámbito de la vida cotidiana. Fundamentalmente por la represión no sólo sexual, sino también moral y emocional a la que han sido sometidos). Heterosexuales perfectos en el sentido, de que deben cuadrar las cuatro categorías independientes del ser humano que señaló Judith Butler (sexo, género, orientación sexual y rol). Cualquier transgresión o discordancia en este sentido será castigada por los mecanismos represivos de la mentalidad del falso poder, llamada también del Egoísmo Ancestral.

Constreñidas fundamentalmente por la existencia de clases sexuales (en cuanto que una está por encima de la otra). Y constreñidas también por la programación que a cada individua se le dispensa en función de las mismas. En un sentido amplio y estrecho a la vez pretenden generar máquinas de reproducción y producción de determinados roles, valores y labores como señalaba Andrea D´atri.

Para cualquier transgresión en este sentido, el falso poder se valió y aún se vale de castigos y reconducciones al lugar que creen y desean, deben tener, lis individuis que transgreden las reglas del juego del falso poder y el Egoísmo Ancestral. Estos castigos son (así por la cara) cárcel, pena de muerte, psiquiátricos, coeducación, tratamientos psicológicos y físicos… de larga duración... cabe añadir.

Por desgracia estos castigos y reconducciones (sistemas ilícitos de control interpretados como lícitos) hoy día como ya hemos dicho, prevalecen mediante una serie de mecanismos que interfieren simultáneamente en la vida de lis sujetis. Estos mecanismos simultáneos (clases jerarquizadas de mentalidad heteronormativa y pretendida hegemonía blanca y machista, que no masculina) complican la visualización clara de las reglas del juego (para quien no las padece en forma claramente negativa). Y por lo tanto, se desconoce o no se cree realmente de la existencia de homofobia, lesbofobia, machismo, transfobia y racismo. Estos discursos implícitos en la cultura, señalan el lugar de las personas en función de los significantes y significados que representan. El uso de estos discursos además arrastra una valoración moral que inhibe totalmente de la responsabilidad individual en el momento que se hace uso de tal discurso para resultar beneficiado (aunque otri resulta perjudicadi por el uso o más bien el abuso de estos discursos contra su persona).

Estos discursos se producen de antagonismos culturales, y parten desde el malo/bueno a falacias hábilmente construidas sobre unos supuestos antagónicos también culturales, hombre/mujer; blanco/negro; rico/pobre; hetero/no hetero. El destino de buena parte de los seres humanos, en buena parte, está escrito ya en las categorías estereotipadas e incluso cabe añadir estereoviciadas. Todos estos elementos y catalogaciones en su interacción, pueden derivar fácilmente, indirectamente e inevitablemente en los mecanismos de coeducación y control más siniestros que tiene el juego del falso poder y el Egoísmo Ancestral. Puesto que todas estas categorías actúan a un mismo tiempo y es difícil discernir, que una persona en cuanto a las etiquetas que representa, será tratada de manera distinta a otra persona que representa otra serie de etiquetas.

El verdadero poder va más allá de las leyes. El poder verdadero existe como el libre albedrío, existe en el presente, en el ya. Sólo las leyes nos hacen olvidar que ciertamente somos plenamente responsables de nuestros actos. Éstas, protegen físicamente de una posible lícita respuesta a una acción, y lo que es peor, protegen del propio juicio moral, en cuanto al abuso cotidiano que se ejerce alegremente, amparándose en leyes (incluso morales) construidas desde la fobia y el falso poder… movido este por un extraño anhelo infantil de control y propiedad de lo que le es ilícito.

Sólo las leyes nos hacen olvidar que somos plenamente herederos del mundo en el que hemos nacido y del cuerpo que nos contiene y construye. El día que se entienda que el derecho ni se compra ni se vende, que la dignidad está por encima de la vida misma, ese día el empoderamiento de los seres humanos cambiará el Mundo, por completo y para siempre.